REPORTAJE

Ouro Preto, la ciudad colonial más bonita de Brasil

18 mayo 2020

Muchos viajeros se quedan maravillados con Olinda.

O con el centro histórico de Salvador da Bahia.

O con el centro de São Luís do Maranhão.

Lo que tienen en común: Todas ellas han sido declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Eso por si mismo ya es una calificación importante. Desde mediados de 2019 se ha sumado Paraty.

Para nosotros Ouro Preto está en el número uno del ranking de las ciudades coloniales más bonitas. Es una completa obra de arte compuesta por:

Callejuelas y plazas idílicas; el magnífico esplendor de sus iglesias, testigos de la histórica fiebre del oro; las fachadas de sus casas maravillosamente decoradas.

Ciudad de calles empinadas

Antes de nada un importante consejo para Ouro Preto:

Traed energía y resistencia a vuestra expedición y una botella de agua de reserva. Todo eso lo vais a necesitar. No conocemos otra ciudad colonial en Sudamérica en la que haya unas calles tan largas y empinadas arriba y abajo como aquí. Son auténticas rampas cubiertas con adoquines. Además esta pequeña ciudad, a una altura de 1.200 sobre el nivel del mar, es bastante extensa. No conviene menospreciar ese conjunto de subidas y bajadas continuas.

Oro a toneladas

Ouro Preto se encuentra en la zona montañosa de la región de Mias Gerais, a unos 400 kilómetros al norte de Rio de Janeiro. La ciudad debe su existencia a la fiebre del oro que tuvo lugar durante el siglo XVIII. Se calcula que en total se sacaron de aquí 650 toneladas de oro, además de unas 300 toneladas que se sacaron de forma ilegal. Todo estimaciones. Algunos apuntan aún más alto con sus cálculos. Lo que está claro es que durante un tiempo fue la ciudad más rica del llamado “Nuevo Mundo”.

Cristina
Cristina delante de la iglesia Carmelita Nossa Senhora do Carmo, Ouro Preto

Visita obligada a una vieja mina

“Cuando era niño jugaba aquí” dice Gustavo, el guía. Hace de guía en las Minas do Palácio Velho, un antiguo complejo minero. No debéis perderos esta visita aunque sea bastante corta. Es así. Y otro consejo: manteneos alejados de los guías entrometidos que encontraréis por la cuidad y que os querrán acompañar hasta allí. La visita guiada dentro está incluida en el precio, en inglés o en portugués.

“Antes había 350 minas de este tipo” cuenta Gustavo. En el interior nos sorprende un olor intenso a moho. El camino continúa con escaleras y luces que lo iluminan. Los túneles y orificios tenían entonces otro aspecto. Gustavo nos cuenta acerca de los esclavos venidos de África, que trabajaban en la oscuridad hasta la extenuación. Triste, pero cierto. Si no era así, eran amenazados con la ejecución. Los refuerzos venían del mercado de esclavos. Allí costaba un esclavo “bien formado y fuerte” un kilo de oro.

Estaba claro que eran otros los que se estaban enriqueciendo. Brasil estaba en aquellos tiempos bajo el dominio de los portugueses.

Una ciudad llena de color

El punto neurálgico de la ciudad es la Praça Tiradentes. En esta plaza es donde palpita el corazón de la ciudad. Aquí y en las calles que la rodean reina la arquitectura colonial en su máxima plenitud. Puertas y ventanas resplandecen compitiendo con las fachadas blancas: en rojo, amarillo, azul celeste, verde oscuro, turquesa. En los interiores de los edificios rehabilitados podemos encontrar galerías de arte y tiendas de suvenires. O cafés y restaurantes. Incluso locales de comida rápida.

La plaza debe su nombre al héroe nacional y combatiente por la libertad Tiradentes (1746 – 1792). Él se reveló contra el dominio colonial de Portugal. Murió en Rio de Janeiro. Se cuenta que su cabeza se exhibió en Ouro Preto para causar un efecto disuasorio entre la población.

Casi 20 iglesias

Unas 20 iglesias se encuentran repartidas por todo Ouro Preto. Os espera un torrente de de arquitectura y decoración barroca con altares, púlpitos, esculturas, pinturas en los techos. Incluso los más entusiastas del barroco probablemente no llegarán a ver todas las iglesias. Escoged las más interesantes.

Nuestro consejo: la vieja Iglesia franciscana São Francisco de Assis. Las dos torres redondas están ligeramente detrás. El constructor fue Aleijandinho (1738-1814), hijo del arquitecto Manuel Francisco Lisboa y una esclava negra llamada Isabel. Alejandinho sufría una enfermedad grave e incurable que le producía parálisis. Eso no le impidió llegar a ser uno de los más importantes escultores del barroco brasileño. 

Ángeles con bocas sensuales y un Cristo con el pelo revuelto.

Nuestro segundo consejo: la iglesia carmelita de Nossa Senhora do Carmo, construida en estilo rococó. Lo más significativo es la sacristía. La enorme pintura del techo representa a María y al santo Simón Stock. Hasta aquí todo normal, menos normal son los ángeles que flotan alrededor. Éstos tienen unas bocas sensuales y parecen tener una capa de extra de pintalabios por encima. Del mismo estilo son algunas otras pinturas, también la de Teresa de Ávila e incluso un hombre, Juan de la Cruz. ¡Maravillosamente cursi!

Siguiendo con la sacristía veremos una imagen de Cristo, uno se pregunta; ¿dónde he visto esa locura de pelo antes? y, ¿se podría en aquellos tiempos denunciar al peluquero?

Si no tenemos suficiente, podemos bajar hasta la Basílica Nossa Senhora do Pilar, ¡pero no olvidéis que hay que subir otra vez para volver al centro!

Una ciudad llena de encanto

Ouro Preto es una ciudad llena de encanto incluso en la oscuridad. Deja que se vayan los excursionistas de día, pasa al menos una noche allí. Por la noche resplandece el patrimonio colonial con una iluminación precisa. Los reflejos de luz inundan los adoquines. Disfrutad de ese ambiente maravilloso.

 

Nossa Senhora do Carmo
Llamativas bocas rojas por todas partes en la sacristía de la iglesia Carmelita Nossa Senhora do Carmo, incluida la de San Juan