REPORTAJE
El (quizá) mejor museo del vino del mundo
Abril 2026
En la región vinícola del norte de España, La Rioja, un museo del vino guarda tesoros únicos. Una visita que vale la pena hacer.
Los vinos de La Rioja gozan de fama mundial, pero el “Museo Vivanco de la Cultura del Vino”, situado junto al pueblo de Briones, es poco conocido fuera de España. Briones se encuentra discretamente en medio del campo, a poco menos de 40 kilómetros al noroeste de la capital riojana, Logroño. A su alrededor se extienden los viñedos, y uno se sumerge de inmediato en el tema.
Un nombre complicado, una colección extraordinaria
El nombre del museo es, por desgracia, largo, complicado y poco imaginativo. En él ha quedado inmortalizada la familia vitivinícola Vivanco. Y esta ha reunido una colección tan excepcional que nos atrevemos a afirmar: es (quizá) el mejor museo del vino del mundo.
Es una opinión desde nuestra experiencia personal, no una valoración remunerada. En comparación con el museo del vino del complejo WOW en Oporto y la “Cité du Vin” en Burdeos, este se sitúa por delante, aunque no en términos arquitectónicos. El gran edificio de Vivanco resulta sobrio y poco llamativo por fuera. Lo que realmente importa está en el interior: una superficie expositiva de 4.000 metros cuadrados, con la sección de arte y la colección de sacacorchos como principales atractivos.
La entrada al museo no es precisamente barata: 22 euros.
Solo piezas originales
“Para mí el vino siempre había sido mucho más que aromas, sabores y texturas. Mucho más que las viñas y terruños a las que me llevaba mi padre y mi abuelo. Me interesaba el lado humano que había detrás del vino y los 8000 años de historia que había compartido con el hombre”, afirma el fundador del museo, Santi Vivanco. Bajo esta premisa hizo realidad el sueño de su familia de crear un museo. “Queríamos un espacio donde, una vez visitado, todo el mundo entendiese esa relación de simbiosis tan estrecha y especial que se ha creado entre el vino y el hombre”, añade Vivanco.
Como visitante, uno queda envuelto en una sucesión de salas y cinco secciones en las que se exhiben exclusivamente piezas originales selectas.
En cuanto a la relación histórica entre el ser humano y el vino, el recorrido se remonta a la antigua Persia y Egipto, así como a las culturas griega y romana. En la Edad Media, los monasterios desempeñaron un papel clave como centros de producción de este néctar celestial.
Recorrido con vistas subterráneas
La visita requiere tiempo. Con calma y lejos de las multitudes, uno se sumerge profundamente en el universo del vino. Los vídeos muestran el oficio de la tonelería en La Rioja. Impresionantes prensas de uva, odres de cuero, tinas y herramientas agrícolas están iluminados con gran precisión. Se explica de forma clara la evolución de la botella de vino, los barriles y los corchos. En cilindros aromáticos se pueden percibir los matices de los vinos, como piña, miel, canela o regaliz.
Las salas descienden hasta el subsuelo. Allí, un mirador ofrece vistas a la auténtica bodega de la familia Vivanco, donde barrica tras barrica se apilan unas sobre otras.










Arte de gran valor
La sección de arte es como un museo dentro del museo. Naturalmente, el vino marca el hilo conductor, hasta llegar a obras de Joan Miró y Andy Warhol de valor incalculable.
De la época romana procede un mosaico del dios Baco. En un óleo barroco de Ecuador, una Virgen del Rosario sostiene uvas en la mano. Antiguamente, los sacerdotes españoles bebían de copas de plata. En el cuadro al óleo “Prensa mística del vino”, una obra de la escuela valenciana del siglo XVI, la sangre de Cristo fluye hacia un cáliz.
“El trovador” de Joan Miró aparece como una figura con forma de sacacorchos y los brazos extendidos en el centro. “Uvas” es una serigrafía de arte pop de Andy Warhol. Otras obras de Roy Lichtenstein, Marc Chagall y Pablo Picasso también cautivan al visitante. La atmósfera es íntima y alcanza el nivel de un museo de bellas artes de primer orden, invitando a detenerse en los detalles. Eso sí, quien se acerque demasiado a las piezas activa una alarma.
3.000 sacacorchos y el Jardín de Baco
El final del recorrido: una colección de 3.000 sacacorchos. Los motivos son variados y originales: cuernos, anclas, peces, aves, rostros humanos, e incluso robustos monjes o representaciones eróticas.
“El vino siempre es más”, subraya el fundador del museo, Vivanco. Puede que sea cierto, pero el vino también es, simplemente, vino. La visita despierta el deseo de degustarlo.
De vuelta al aire libre, el recinto exterior está abierto al público: el Jardín de Baco, llamado así por el dios romano del vino, y que alberga más de 200 variedades de vid procedentes de distintas partes del mundo.
Sitio web sobre viajes del vino
Para terminar, una aclaración sincera. Nuestro blog es independiente. No hemos recibido ningún tipo de apoyo para este artículo. Sin embargo, en el marco de un intercambio de enlaces, nos gustaría recomendar la página web en alemán http://weinreisespanien.de sobre rutas del vino en España. Allí se invita a: “Enviar a tu paladar de vacaciones”. Pues bien, ¡brindemos por ello!
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