REPORTAGE
16 espectaculares ciudades coloniales en América Latina – Parte 2
Nuestro viaje por las fabulosas ciudades coloniales de Sudamérica y Centroamérica continúa. Hoy hacemos escala en Uruguay, Guatemala, México y Bolivia.
Colonia del Sacramento, Uruguay
En Colonia del Sacramento, las antiguas fortificaciones, una exuberante profusión de flores y callejuelas como la “Calle de los Suspiros” componen las postales de la ciudad. Sin embargo, como admite la guía turística Cristina, en la “Calle de los Suspiros” se practicaba en tiempos el oficio más antiguo del mundo: la prostitución. Cristina también recuerda que Colonia del Sacramento, fundada en 1680 a orillas del Río de la Plata, fue un juguete del poder en la pugna entre las grandes potencias coloniales, España y Portugal.
El casco antiguo se adentra por tres lados en el Río de la Plata. La alargada plaza principal sirve de punto de orientación. El faro, de un blanco calizo, está rodeado por las ruinas del convento de San Francisco Javier. Durante el paseo, los adoquines irregulares de las callejuelas se clavan en las suelas de los zapatos. En la basílica del Santísimo Sacramento, un perro duerme tranquilamente entre los bancos de la iglesia.
Nuestro consejo: Colonia del Sacramento, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, es una bonita excursión de un día en ferry desde la capital argentina, Buenos Aires. Ida por la mañana y vuelta a última hora de la tarde: así tendréis tiempo de ver todo lo importante.
La Antigua, Guatemala
Desde el mirador del “Cerro de la Cruz”, lo primero que llama la atención cuando el mar de casas se extiende a nuestros pies es la baja altura de las construcciones de La Antigua. Y eso tiene su razón de ser. Entre 1564 y 1976 la tierra tembló con fuerza once veces. Por eso, la historia de la ciudad está estrechamente ligada a destrucciones y reconstrucciones. Un ejemplo extremo lo ofrece el complejo jesuita. De la iglesia solo se ha conservado el esqueleto, en cuyos huecos de las ventanas se recorta el azul acerado del cielo. Al lado, en el convento restaurado, ha surgido un centro educativo y de exposiciones. Una fuente burbujea, hay macetas delante de las vigas de madera, todo parece como si nada hubiera sucedido.
En el claustro del antiguo convento de La Merced, un panel informativo explica el “barroco sísmico”: un barroco resistente a los terremotos que caracteriza a las iglesias de la ciudad, sin torres que se eleven hacia el cielo, pero con muros más sólidos y columnas más macizas.
Entre las pequeñas impresiones cotidianas destacan las fachadas pintadas de colores y las macetas que cubren gran parte de las ventanas. Solo las señales de prohibido estacionar, con la amenaza de grúa, no parecen encajar con el ambiente relajado.
Guanajuato, Mexiko
Potosí impresiona desde el primer momento. Esto se debe a su ubicación a más de 4.000 metros de altitud, a su arquitectura colonial, pero también a su historia marcada por la explotación. Es imposible ignorar este aspecto cuando se habla de Potosí. Los españoles transformaron este lugar remoto en un centro minero y una metrópolis floreciente. A mediados del siglo XVII vivían aquí 160.000 personas, más que entonces en Londres, París o Madrid. Mientras tanto, el “Cerro Rico”, se desangraba bajo el sufrimiento indescriptible de los esforzados mineros. Concretamente, por sus yacimientos de plata.
Desde la zona del tejado de la iglesia de San Francisco, una obra maestra barroca de los franciscanos, se obtiene una vista privilegiada de este gigante.
Puntos imprescindibles en la visita son la catedral, donde el parquet cruje bajo los pasos, y la Casa de la Moneda. Esta antigua casa de la moneda se extiende en pleno centro de la ciudad como un laberinto alrededor de varios patios. El guía Óscar recuerda durante el recorrido un antiguo dicho: la plata extraída en Potosí habría bastado para construir un puente de plata desde Potosí hasta España.











Potosí, Bolivien
Potosí raubt einfach den Atem. Das ist der Lage von über 4000 Metern geschuldet, der Kolonialarchitektur, aber auch der von Ausbeutung geprägten Geschichte. Das lässt sich unmöglich ausblenden, wenn man von Potosí spricht. Die Spanier verwandelten den entlegenen Flecken in ein Bergbauzentrum, eine florierende Metropole. Mitte des 17. Jahrhunderts lebten 160.000 Menschen hier, mehr als damals in London, Paris oder Madrid. Derweil bluteten unter unsäglichem Leid von Fronarbeitern der „Cerro Rico“ aus, der „Reiche Berg“. Genauer gesagt: dessen Silbervorkommen. Ein Vorzugsblick auf den Giganten bietet sich vom Dachbereich der Kirche San Francisco, einem barocken Meisterwerk der Franziskaner.
Fixpunkte bei der Entdeckung sind die Kathedrale, wo das Parkett unter den Schritten knarrt, und die Casa de Moneda. Diese historische Münzprägeanstalt legt sich im Herzen der Stadt labyrinthisch um mehrere Innenhöfe. Führer Óscar ruft beim Rundgang einen alten Spruch ins Gedächtnis: Das in Potosí gewonnene Silber hätte ausgereicht, um eine silberne Brücke von Potosí nach Spanien zu bauen.
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